lunes, 6 de marzo de 2023

REFLEXIONES DE LA PRIMERA HORA (5 PM) 5-19 OCTUBRE 3, 1903



Mientras estaba pensando en la hora de la Pasión cuando

Jesús se despidió de su Madre para ir a la muerte y se

bendijeron mutuamente, y estaba ofreciendo esta hora para

reparar por aquellos que no bendicen en cada cosa al Señor,

sino más bien lo ofenden, para impetrar todas aquellas

bendiciones que son necesarias para conservarnos en gracia

de Dios y para llenar el vacío de la gloria de Dios, como si

todas las criaturas lo bendijeran. Mientras esto hacía, lo he

sentido moverse en mi interior, y decía:

“Hija mía, en el acto de bendecir a mi Madre intenté también

bendecir a cada una de las criaturas en particular y en general,

de modo que todo está bendecido por Mí: Los pensamientos,

las palabras, los latidos, los pasos, los movimientos hechos por

Mí, todo, todo está avalado con mi bendición. También te digo

que todo lo bueno que hacen las criaturas, todo fue hecho por

mi Humanidad, para hacer que todo el obrar de las criaturas

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fuera primero divinizado por Mí. Además de esto, mi vida

continúa todavía real y verdadera en el mundo, no sólo en el

Santísimo Sacramento, sino también en las almas que se

encuentran en mi Gracia, y siendo muy restringida la capacidad

de la criatura, no pudiendo tomar de una sola todo lo que Yo

hice, hago de manera que un alma continúe mis reparaciones,

otra las alabanzas, alguna otra el agradecimiento, alguna otra

el celo de la salud de las almas, otra mis sufrimientos y así de

todo lo demás, y según me correspondan así desarrollo mi vida

en ellas, así que piensa en que estrechuras y penas me ponen,

pues mientras Yo quiero obrar en ellos, ellos no me hacen

caso”

Dicho esto ha desaparecido, y yo me he encontrado en mí

misma.

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12-141

Noviembre 28, 1920


Estaba pensando cuando mi Jesús, para dar principio a su

dolorosa Pasión, quiso ir con su Mamá a pedirle su bendición,

y el bendito Jesús me ha dicho:

“Hija mía, cuántas cosas dice este misterio, Yo quise ir a

pedir la bendición a mi amada Mamá para darle ocasión de que

también Ella me la pidiera a Mí. Eran demasiados los dolores

que debía soportar, y era justo que mi bendición la reforzara.

Es mi costumbre que cuando quiero dar, pido; y mi Mamá me

comprendió inmediatamente, tan es verdad, que no me bendijo

sino hasta que me pidió mi bendición, y después de haber sido

bendecida por Mí, me bendijo Ella. Pero esto no es todo, para

crear el universo pronuncié un Fiat, y con ese solo Fiat

reordené y embellecí cielo y tierra. Al crear al hombre, mi

aliento omnipotente le infundió la vida. Al dar principio a mi

Pasión, quise con mi palabra creadora y omnipotente bendecir

a mi Mamá, pero no era sólo a Ella a quien bendecía, en mi

Mamá veía a todas las criaturas, era Ella quien tenía el

primado sobre todo, y en Ella bendecía a todas y a cada una,

es más, bendecía cada pensamiento, palabra, acto, etc.,

bendecía cada cosa que debía servir a la criatura, al igual que

cuando mi Fiat omnipotente creó el sol, y este sol sin disminuir

ni en su luz ni en su calor continúa su carrera para todos y para

cada uno de los mortales; así mi palabra creadora, bendiciendo

quedaba en acto de bendecir siempre, siempre, sin cesar

nunca de bendecir, como jamás cesará de dar su luz el sol a

todas las criaturas. Pero esto no es todo aún, con mi bendición

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quise renovar el valor de la Creación; quise llamar a mi Padre

Celestial a bendecir para comunicar a la criatura la potencia;

quise bendecirla a nombre mío y del Espíritu Santo para

comunicarle la sabiduría y el amor, y así renovar la memoria, la

inteligencia y la voluntad de la criatura, restableciéndola como

soberana de todo. Debes saber que al dar, quiero, y mi amada

Mamá comprendió y súbito me bendijo, no sólo por Ella sino a

nombre de todos. ¡Oh! si todos pudieran ver esta mi bendición,

la sentirían en el agua que beben, en el fuego que los calienta,

en el alimento que toman, en el dolor que los aflige, en los

gemidos de la oración, en los remordimientos de la culpa, en el

abandono de las criaturas, en todo escucharían mi palabra

creadora que les dice, pero desafortunadamente no

escuchada: “Te bendigo en el nombre del Padre, de Mí, Hijo, y

del Espíritu Santo, te bendigo para ayudarte, te bendigo para

defenderte, para perdonarte, para consolarte, te bendigo para

hacerte santo.” Y la criatura haría eco a mis bendiciones,

bendiciéndome también ella en todo.

Estos son los efectos de mi bendición, de la cual mi Iglesia,

enseñada por Mí, me hace eco, y en casi todas las

circunstancias, en la administración de los sacramentos y en

otras ocasiones da su bendición”.

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14-40

Julio 6, 1922


Estaba pensando y acompañando a Jesús en la hora de la

Pasión cuando fue ante la Divina Mamá para pedirle su santa

bendición, y mi dulcísimo Jesús en mi interior me ha dicho:

“Hija mía, antes de mi Pasión quise bendecir a mi Mamá y

ser bendecido por Ella, pero no fue únicamente a mi Mamá a

quien bendije, sino a todas las criaturas, no sólo animadas sino

también inanimadas; vi a las criaturas débiles, cubiertas de

llagas, pobres, mi corazón tuvo un latido de dolor y de tierna

compasión y dije: ‘¡Pobre humanidad, cómo estás decaída,

quiero bendecirte a fin de que resurjas de tu decaimiento; mi

bendición imprima en ti el triple sello de la potencia, de la

sabiduría y del amor de las Tres Divinas Personas y te

restituya la fuerza, te sane y te enriquezca, y para circundarte

de defensas bendigo todas las cosas creadas por Mí, a fin de

que las recibas bendecidas por Mí: te bendigo la luz, el aire, el

agua, el fuego, el alimento, a fin de que quedes como

abismada y cubierta con mis bendiciones, pero como tú no las

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merecías, por eso quise bendecir a mi Mamá, sirviéndome de

Ella como canal para hacer llegar a ti mis bendiciones”. Y así

como me correspondió mi Mamá con sus bendiciones, así

quiero que las criaturas me correspondan con sus bendiciones;

pero, ¡ay de Mí!, en vez de correspondencia de bendiciones,

me corresponden con ofensas y maldiciones, por eso hija mía,

entra en mi Querer, y poniéndote sobre todas las cosas

creadas sella todas con las bendiciones que todos me deben, y

trae a mi doliente y tierno corazón las bendiciones de todos”.

Después de haber hecho esto, como para recompensarme

me ha dicho:

Amada hija mía, te bendigo en modo especial, te bendigo el

corazón, la mente, el movimiento, la palabra, el respiro, toda y

todo te bendigo”.

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