Mientras estaba pensando en la hora de la Pasión cuando
Jesús se despidió de su Madre para ir a la muerte y se
bendijeron mutuamente, y estaba ofreciendo esta hora para
reparar por aquellos que no bendicen en cada cosa al Señor,
sino más bien lo ofenden, para impetrar todas aquellas
bendiciones que son necesarias para conservarnos en gracia
de Dios y para llenar el vacío de la gloria de Dios, como si
todas las criaturas lo bendijeran. Mientras esto hacía, lo he
sentido moverse en mi interior, y decía:
“Hija mía, en el acto de bendecir a mi Madre intenté también
bendecir a cada una de las criaturas en particular y en general,
de modo que todo está bendecido por Mí: Los pensamientos,
las palabras, los latidos, los pasos, los movimientos hechos por
Mí, todo, todo está avalado con mi bendición. También te digo
que todo lo bueno que hacen las criaturas, todo fue hecho por
mi Humanidad, para hacer que todo el obrar de las criaturas
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fuera primero divinizado por Mí. Además de esto, mi vida
continúa todavía real y verdadera en el mundo, no sólo en el
Santísimo Sacramento, sino también en las almas que se
encuentran en mi Gracia, y siendo muy restringida la capacidad
de la criatura, no pudiendo tomar de una sola todo lo que Yo
hice, hago de manera que un alma continúe mis reparaciones,
otra las alabanzas, alguna otra el agradecimiento, alguna otra
el celo de la salud de las almas, otra mis sufrimientos y así de
todo lo demás, y según me correspondan así desarrollo mi vida
en ellas, así que piensa en que estrechuras y penas me ponen,
pues mientras Yo quiero obrar en ellos, ellos no me hacen
caso”
Dicho esto ha desaparecido, y yo me he encontrado en mí
misma.
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12-141
Noviembre 28, 1920
Estaba pensando cuando mi Jesús, para dar principio a su
dolorosa Pasión, quiso ir con su Mamá a pedirle su bendición,
y el bendito Jesús me ha dicho:
“Hija mía, cuántas cosas dice este misterio, Yo quise ir a
pedir la bendición a mi amada Mamá para darle ocasión de que
también Ella me la pidiera a Mí. Eran demasiados los dolores
que debía soportar, y era justo que mi bendición la reforzara.
Es mi costumbre que cuando quiero dar, pido; y mi Mamá me
comprendió inmediatamente, tan es verdad, que no me bendijo
sino hasta que me pidió mi bendición, y después de haber sido
bendecida por Mí, me bendijo Ella. Pero esto no es todo, para
crear el universo pronuncié un Fiat, y con ese solo Fiat
reordené y embellecí cielo y tierra. Al crear al hombre, mi
aliento omnipotente le infundió la vida. Al dar principio a mi
Pasión, quise con mi palabra creadora y omnipotente bendecir
a mi Mamá, pero no era sólo a Ella a quien bendecía, en mi
Mamá veía a todas las criaturas, era Ella quien tenía el
primado sobre todo, y en Ella bendecía a todas y a cada una,
es más, bendecía cada pensamiento, palabra, acto, etc.,
bendecía cada cosa que debía servir a la criatura, al igual que
cuando mi Fiat omnipotente creó el sol, y este sol sin disminuir
ni en su luz ni en su calor continúa su carrera para todos y para
cada uno de los mortales; así mi palabra creadora, bendiciendo
quedaba en acto de bendecir siempre, siempre, sin cesar
nunca de bendecir, como jamás cesará de dar su luz el sol a
todas las criaturas. Pero esto no es todo aún, con mi bendición
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quise renovar el valor de la Creación; quise llamar a mi Padre
Celestial a bendecir para comunicar a la criatura la potencia;
quise bendecirla a nombre mío y del Espíritu Santo para
comunicarle la sabiduría y el amor, y así renovar la memoria, la
inteligencia y la voluntad de la criatura, restableciéndola como
soberana de todo. Debes saber que al dar, quiero, y mi amada
Mamá comprendió y súbito me bendijo, no sólo por Ella sino a
nombre de todos. ¡Oh! si todos pudieran ver esta mi bendición,
la sentirían en el agua que beben, en el fuego que los calienta,
en el alimento que toman, en el dolor que los aflige, en los
gemidos de la oración, en los remordimientos de la culpa, en el
abandono de las criaturas, en todo escucharían mi palabra
creadora que les dice, pero desafortunadamente no
escuchada: “Te bendigo en el nombre del Padre, de Mí, Hijo, y
del Espíritu Santo, te bendigo para ayudarte, te bendigo para
defenderte, para perdonarte, para consolarte, te bendigo para
hacerte santo.” Y la criatura haría eco a mis bendiciones,
bendiciéndome también ella en todo.
Estos son los efectos de mi bendición, de la cual mi Iglesia,
enseñada por Mí, me hace eco, y en casi todas las
circunstancias, en la administración de los sacramentos y en
otras ocasiones da su bendición”.
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14-40
Julio 6, 1922
Estaba pensando y acompañando a Jesús en la hora de la
Pasión cuando fue ante la Divina Mamá para pedirle su santa
bendición, y mi dulcísimo Jesús en mi interior me ha dicho:
“Hija mía, antes de mi Pasión quise bendecir a mi Mamá y
ser bendecido por Ella, pero no fue únicamente a mi Mamá a
quien bendije, sino a todas las criaturas, no sólo animadas sino
también inanimadas; vi a las criaturas débiles, cubiertas de
llagas, pobres, mi corazón tuvo un latido de dolor y de tierna
compasión y dije: ‘¡Pobre humanidad, cómo estás decaída,
quiero bendecirte a fin de que resurjas de tu decaimiento; mi
bendición imprima en ti el triple sello de la potencia, de la
sabiduría y del amor de las Tres Divinas Personas y te
restituya la fuerza, te sane y te enriquezca, y para circundarte
de defensas bendigo todas las cosas creadas por Mí, a fin de
que las recibas bendecidas por Mí: te bendigo la luz, el aire, el
agua, el fuego, el alimento, a fin de que quedes como
abismada y cubierta con mis bendiciones, pero como tú no las
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merecías, por eso quise bendecir a mi Mamá, sirviéndome de
Ella como canal para hacer llegar a ti mis bendiciones”. Y así
como me correspondió mi Mamá con sus bendiciones, así
quiero que las criaturas me correspondan con sus bendiciones;
pero, ¡ay de Mí!, en vez de correspondencia de bendiciones,
me corresponden con ofensas y maldiciones, por eso hija mía,
entra en mi Querer, y poniéndote sobre todas las cosas
creadas sella todas con las bendiciones que todos me deben, y
trae a mi doliente y tierno corazón las bendiciones de todos”.
Después de haber hecho esto, como para recompensarme
me ha dicho:
Amada hija mía, te bendigo en modo especial, te bendigo el
corazón, la mente, el movimiento, la palabra, el respiro, toda y
todo te bendigo”.
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