SEXTA HORA
DE LAS 10 A LAS 11 DE
LA NOCHE
SEGUNDA HORA DE
AGONÍA EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
Gracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo
por medio de la oración, y tomando tus pensamientos, tu
lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu
amor, extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi
cabeza sobre tu corazón empiezo:
Oh mi dulce Jesús, ya ha pasado una hora desde que te
encontré en este huerto; el amor ha tomado el primado en
todo, haciéndote sufrir todo junto, todo lo que los verdugos te
harán sufrir a lo largo de tu amarguísima Pasión; es más, suple
y llega a hacerte sufrir lo que ellos no pueden hacerte, en las
partes más íntimas de tu divina Persona. Oh mi Jesús, te veo
vacilante en los pasos, no obstante quieres caminar. Dime, oh
mi bien, ¿a dónde quieres ir? Ah, he entendido, quieres ir a
encontrar a tus amados discípulos; yo quiero acompañarte a fin
de que si Tú vacilas yo te sostenga.
Pero, oh mi Jesús, otra amargura para tu corazón, ellos
duermen, y Tú siempre piadoso los
llamas, los despiertas, y
con amor todo paterno los
amonestas y les recomiendas la
vigilia y la oración, y regresas
al huerto, pero te llevas otra
herida en el corazón. En esa
herida veo, oh amor mío, todas
las heridas de las almas
consagradas a Ti, que, o por
tentaciones, o por estado de
ánimo, o por falta de mortificación,
en vez de estrecharse a Ti, de
vigilar y orar, se abandonan a sí
mismas, y soñolientas, en vez de
progresar en el amor y en la
unión contigo, retroceden. Cuánto
te compadezco, oh amante
apasionado, y te reparo todas las
ingratitudes de tus más
fieles. Son éstas las ofensas que
más entristecen tu corazón
adorable, y es tal y tanta su
amargura, que te hacen dar en
delirio.
Pero, oh amor sin confines, tu
amor que ya bulle en tus
venas vence todo y todo olvida. Te
veo postrado por tierra y
oras, te ofreces, reparas y en
todo buscas glorificar al Padre
por las ofensas hechas a Él por
las criaturas. También yo, oh
mi Jesús, me postro contigo y
junto contigo intento hacer lo que
haces Tú.
Pero, oh Jesús, delicia de mi
corazón, veo que en tropel
todos los pecados, nuestras
miserias, nuestras debilidades, los
delitos más enormes, las más
negras ingratitudes te vienen al
encuentro, se te arrojan encima,
te aplastan, te atacan, te
hieren, y Tú, ¿qué haces?
La sangre que te hierve en las
venas hace frente a todas
estas ofensas, rompe las venas y
como ríos sale fuera, te baña
todo, corre por tierra, y das
sangre por ofensas, vida por
muerte. ¡Ah amor, a qué estado te
veo reducido! Tú expiras.
Oh mi bien, dulce vida mía, no te
mueras, levanta la cara de
esta tierra que has bañado con tu
santísima sangre, ven a mis
brazos, haz que yo muera en vez de
Ti. Pero oigo la voz
trémula y moribunda de mi dulce
Jesús que dice:
«¡Padre, si es posible pase de Mí
este cáliz, pero no se haga
mi voluntad sino la tuya»” (Lc
22,42)
Ya es la segunda vez que oigo esto
de mi dulce Jesús,
¿pero qué cosa me hace entender
con este: «Padre, si es
posible pase de Mí este cáliz»
Oh Jesús, se te hacen presentes
todas las rebeliones de las
criaturas; aquel «Fiat Voluntas
Tua» que debía ser la vida de
cada criatura, lo ves rechazado
por casi todas, y en vez de
encontrar la vida encuentran la
muerte; y Tú queriendo dar la
vida a todas y hacer una solemne
reparación al Padre por las
rebeliones de las criaturas, por
tres veces repites:
«Padre, si es posible pase de Mí
este cáliz», es decir, que
las almas sustrayéndose de nuestra
Voluntad se pierdan; este
cáliz para Mí es muy amargo, pero
no se haga mi voluntad,
sino la tuya.
Pero mientras dices esto, es tal y
tanta tu amargura que
desfalleces, agonizas y estás a
punto de dar el último respiro.
Oh mi Jesús, mi bien, ya que estás
entre mis brazos quiero
también yo junto contigo,
repararte y compadecerte por todos
los pecados que se cometen contra
tu santísimo Querer, y al
mismo tiempo suplicarte que en
todo yo haga siempre tu
santísima Voluntad. Tu Voluntad
sea mi respiro, mi aire; tu
Voluntad sea mi latido, mi
corazón, mi pensamiento, mi vida y
mi muerte.
Pero, ah, no mueras, ¿adónde iré
sin Ti? ¿A quién me
dirigiré? ¿Quién me dará ayuda?
¡Todo terminará para mí! Ah,
no me dejes, tenme como quieras,
como más te plazca, pero
tenme contigo, siempre contigo;
jamás sea que por un solo
instante quede separada de Ti.
Déjame endulzarte, repararte y
compadecerte por todos, porque veo
que todos los pecados,
de cualquier especie que sean,
pesan sobre Ti.
Por eso, amor mío, beso tu
santísima cabeza, pero, ¿qué
veo? Veo todos los malos
pensamientos, y Tú sientes horror de
ellos. A tu santísima cabeza cada
pensamiento malo le es una
espina que te hiere acerbamente.
Ah, ante esto es nada la
corona de espinas que te pondrán
los judíos; cuántas coronas
de espinas te ponen sobre tu
cabeza adorable los malos
pensamientos de las criaturas,
tantas, que la sangre te chorrea
por todas partes, por la frente,
de entre los cabellos. Jesús, te
compadezco y quisiera ponerte
otras tantas coronas de gloria,
y para endulzarte te ofrezco todas
las inteligencias angélicas y
tu misma inteligencia, para
ofrecerte una compasión y una
reparación por todos.
Oh Jesús, beso tus ojos piadosos y
en ellos veo todas las
malas miradas de las criaturas,
que hacen correr sobre tu
rostro lágrimas de sangre. Te
compadezco y quisiera endulzar
tu vista poniéndote delante todos
los placeres que se puedan
encontrar en el Cielo y en la
tierra.
Jesús, mi bien, beso tus
santísimos oídos. ¿Pero qué
escucho? Oigo en ellos el eco de
las horrendas blasfemias, los
gritos de venganza y de
maledicencia; no hay voz que no
resuene en tus castísimos oídos.
Oh amor insaciable, te
compadezco y quiero consolarte
haciendo resonar en ellos
todas las armonías del Cielo, la
voz dulcísima de la amada
Mamá, los encendidos acentos de la
Magdalena y de todas las
almas amantes.
Jesús, vida mía, un beso más
ardiente quiero poner en tu
rostro, cuya belleza no tiene par.
Ah, éste es el rostro ante el
cual los ángeles ávidamente desean
grabárselo, por la tanta
belleza que los rapta, no
obstante, las criaturas lo ensucian con
salivazos, lo golpean con
bofetadas y lo pisotean bajo los pies.
¡Amor mío, qué osadía! ¡Quisiera
gritar tanto, para ponerlos en
fuga!
Te compadezco, y para reparar
todos estos insultos me dirijo
a la Trinidad Sacrosanta para
pedir el beso del Padre y del
Espíritu Santo, las inimitables
caricias de sus manos
creadoras, me dirijo también a la
Celestial Mamá, a fin de que
me dé sus besos, las caricias de
sus manos maternas, sus
adoraciones profundas, me dirijo
después a todas las almas
consagradas a Ti y todo te ofrezco
para repararte por las
ofensas hechas a tu santísimo
rostro.
Dulce bien mío, beso tu dulcísima
boca, amargada por las
horribles blasfemias, por la
náusea de las embriagueces y
gulas, por las conversaciones
obscenas, por las oraciones mal
hechas, por las malas enseñanzas,
por todo lo que de mal
hace el hombre con la lengua.
Jesús, te compadezco y quiero
endulzar tu boca ofreciéndote
todas las alabanzas angélicas y
el buen uso que hacen tantos
santos cristianos de la lengua.
Oprimido amor mío, beso tu cuello
y lo veo cargado de
sogas y cadenas por los apegos y
los pecados de las criaturas.
Te compadezco y para aliviarte te
ofrezco la unión indisoluble
de las divinas Personas y yo,
fundiéndome en esta unión te
extiendo mis brazos, y formando en
torno a tu cuello una dulce
cadena de amor, quiero alejar de
ti las cuerdas de los apegos
que casi te sofocan, y para
endulzarte te estrecho fuerte a mi
corazón.
Fortaleza divina, beso tus
santísimos hombros. Los veo
lacerados y tus carnes casi
arrancadas a pedazos por los
escándalos y los malos ejemplos de
las criaturas. Te
compadezco y para aliviarte te
ofrezco tus santísimos
ejemplos, los ejemplos de la Reina
Mamá y los de todos los
santos; y yo, oh mi Jesús,
haciendo correr mis besos sobre
cada una de estas llagas quiero
encerrar en ellas a las almas
que por vía de escándalo te han
sido arrancadas del corazón, y
quiero así sanar las carnes de tu
santísima Humanidad.
Mi atormentado Jesús, beso tu
pecho que veo herido por las
frialdades, tibiezas, falta de
correspondencia e ingratitudes de
las criaturas. Te compadezco, y
para endulzarte te ofrezco el
recíproco amor del Padre, de Ti y
del Espíritu Santo, la
correspondencia perfecta de las
tres divinas Personas, y yo, oh
mi Jesús, sumergiéndome en tu amor
quiero hacerte un refugio
para poder rechazar los nuevos
golpes que las criaturas te
lanzan con sus pecados, y tomando
tu amor quiero con él
herirlas para que ya no se atrevan
a ofenderte más, y quiero
derramarlo en tu pecho para
endulzarte y sanarte.
Mi Jesús, beso tus manos
creadoras, veo todas las malas
acciones de las criaturas que como
otros tantos clavos
traspasan tus santísimas manos,
así que no con tres clavos,
como sobre la cruz, Tú quedas
traspasado, sino con tantos
clavos por cuantas obras malas
cometen las criaturas. Te
compadezco, y para endulzarte te
ofrezco todas las obras
santas, el valor de los mártires
al dar su sangre y su vida por tu
amor; quisiera, en suma, oh Jesús
mío, ofrecerte todas las
obras buenas para quitarte los
tantos clavos de las obras
malas.
Oh Jesús, beso tus pies
santísimos, siempre incansables en
la búsqueda de almas; en ellos
encierras todos los pasos de
las criaturas, pero muchas de
ellas sientes que te huyen y Tú
quisieras aferrarlas. Por cada mal
paso te sientes clavar un
clavo, y Tú quieres servirte de
esos mismos clavos para
clavarlas a tu amor; y tal y tanto
es el dolor que sientes y el
esfuerzo que haces por clavarlas a
tu amor, que te estremeces
todo. Mi Dios y mi bien, te
compadezco, y para consolarte te
ofrezco los pasos de todas las
almas fieles que exponen su
vida para salvar almas.
Oh Jesús, beso tu corazón. Tú
continúas agonizando, no por
lo que te harán sufrir los judíos,
sino por el dolor que te causan
todas las ofensas de las
criaturas.
En estas horas Tú quieres dar el
primado al amor, el
segundo lugar a todos los pecados,
por los cuales Tú expías,
reparas, glorificas al Padre y
aplacas a la divina Justicia; y el
tercer lugar a los judíos. Con
esto muestras que la Pasión que
te harán sufrir los judíos no será
otra cosa que la
representación de la doble
amarguísima Pasión que te hacen
sufrir el amor y el pecado, y es
por esto que yo veo en tu
corazón todo concentrado: la lanza
del amor, la lanza del
pecado, y esperas la tercera
lanza, la lanza de los judíos, y tu
corazón sofocado por el amor sufre
contracciones violentas,
sentimientos impacientes de amor,
deseos que te consumen y
latidos de fuego que quisieran dar
vida a cada corazón.
Y es propiamente aquí, en el
corazón, donde sientes todo el
dolor que te causan las criaturas,
las cuales con sus malos
deseos, con sus desordenados
afectos, con sus latidos
profanados, en vez de querer tu
amor buscan otros amores.
¡Jesús, cuánto sufres! Te veo
desfallecer sumergido por las
olas de nuestras iniquidades; te
compadezco y quiero endulzar
la amargura de tu corazón
triplemente traspasado, ofreciéndote
las dulzuras eternas y el amor
dulcísimo de la amada Mamá
María y el de todos tus verdaderos
amantes.
Y ahora, oh mi Jesús, haz que de
tu corazón tome vida mi
pobre corazón, a fin de que no
viva más que con tu solo
corazón, y en cada ofensa que
recibas haz que yo esté
siempre pronta a ofrecerte un
alivio, un consuelo, una
reparación, un acto de amor jamás
interrumpido.
+ + +
Reflexiones de la Sexta Hora (10
PM)
14-46
Julio 28, 1922
Me sentía toda inmersa en su
Santísimo Querer, y mi dulce
Jesús al venir me ha dicho:
“Hija mía, funde tu inteligencia
con la mía, a fin de que
circule en todas las inteligencias
de las criaturas, y reciba el
vínculo de cada uno de los
pensamientos de ellas para
92
sustituirlos con tantos otros
pensamientos hechos en mi
Querer, y Yo reciba la gloria como
si todos los pensamientos
fuesen hechos en modo divino.
Ensancha tu querer en el mío,
ninguna cosa debe escapar que no
quede atrapada en la red
de la tuya y mía Voluntad; mi
Querer en Mí y mi Querer en ti
deben confundirse juntos y tener
los mismos confines
interminables, pero tengo
necesidad de que tu querer se preste
a extenderse en el mío y no se le
escape ninguna cosa creada
por Mí, a fin de que en todas las
cosas escuche el eco de la
Voluntad Divina en la voluntad
humana, a fin de que ahí genere
mi semejanza. Mira hija mía, Yo
sufrí doble muerte por cada
una de las criaturas, una de amor
y la otra de pena, porque al
crearla la creé un complejo todo
de amor, por lo cual no debía
salir de ella otra cosa que amor,
tanto que mi amor y el suyo
debían estar en continuas
corrientes, pero el hombre no sólo
no me amó, sino que ingrato me
ofendió, y Yo debía rehacer a
mi Divino Padre de esta falta de
amor, y debí aceptar una
muerte de amor por cada uno, y
otra de dolor por las ofensas”.
Pero mientras esto decía, veía a
mi dulce Jesús todo una
llama, que lo consumía y le daba
muerte por cada uno, es más,
veía que cada pensamiento,
palabra, movimiento, obra, paso,
etc., eran tantas llamas que
consumían a Jesús y lo vivificaban.
Entonces Jesús ha agregado: “¿No
quisieras tú mi
semejanza? ¿No quisieras tú
aceptar las muertes de amor
como aceptaste las muertes de
dolor?”
Y yo: “¡Ah! mi Jesús, yo no sé qué
me haya sucedido, siento
aún gran repugnancia por haber
aceptado las de dolor, ¿cómo
podría aceptar las de amor que me
parecen más duras? Yo
tiemblo al sólo pensarlo, mi pobre
naturaleza se aniquila más,
se deshace. Ayúdame, dame la
fuerza porque siento que no
puedo seguir adelante”.
Y Jesús todo bondad y decidido ha
agregado: “Pobre hija
mía, ánimo, no temas ni quieras
turbarte por la repugnancia
que sientes; es más, para
tranquilizarte te digo que también
ésta es una semejanza mía. Debes
saber que también mi
Humanidad, por cuan santa, deseosa
a lo sumo de sufrir,
sentía esta repugnancia, pero no
era mía, eran todas las
repugnancias de las criaturas que
sentían en hacer el bien, en
aceptar las penas que merecían, y
Yo debía sufrir estas penas
que me torturaban no poco, para
dar a ellas la inclinación al
bien y hacerles más dulces las
penas, tanto, que en el huerto
grité al Padre: ‘Si es posible
pase de Mí este cáliz”. ¿Crees tú
que fui Yo? ¡Ah no! Te engañas, Yo
amaba el sufrir hasta la
locura, amaba la muerte para dar
vida a mis hijos, era el grito
93
de toda la familia humana que
resonaba en mi Humanidad, y
Yo, gritando junto con ellos para
darles fuerzas repetí tres
veces: ‘Si es posible pase de Mí
este cáliz’. Yo hablaba a
nombre de todos, como si fueran
cosa mía, pero me sentía
aplastar; así que la repugnancia
que sientes no es tuya, es el
eco de la mía, si fuera tuya me
habría retirado, por eso hija
mía, queriendo generar de Mí otra
imagen mía, quiero que
aceptes, y Yo mismo quiero
imprimir en tu voluntad
ensanchada y consumida en la mía
estas mis muertes de
amor”.
Y mientras esto decía, con su
santa mano me las imprimía, y
ha desaparecido. Sea todo para
gloria de Dios.
+ + +
16-39
Enero 4, 1924
Estaba pensando en las palabras de
Jesús en el huerto
cuando dijo: “Padre, si es posible
pase de Mí este cáliz, pero,
non mea voluntas, sed Tua Fiat”. Y
mi dulce Jesús moviéndose
en mi interior me ha dicho:
“Hija mía, ¿crees tú que fue el
cáliz de mi Pasión por el cual
decía al Padre: Padre, si es
posible pase de Mí este cáliz? No,
absolutamente no, era el cáliz de
la voluntad humana que
contenía tal amargura y plenitud
de vicios, que mi voluntad
humana unida a la Divina sintió
tal repugnancia, terror y
espanto, que grité: ‘Padre, si es
posible pase de Mí este cáliz’.
Cómo es fea la voluntad humana sin
la Voluntad Divina, la cual
casi como dentro de un cáliz se
encierra dentro de cada
criatura; no hay mal en las
generaciones del cual ella no sea el
origen, la semilla, la fuente, y
Yo, viéndome cubierto por todos
estos males que ha producido la
voluntad humana, frente a la
santidad de la mía me sentía
morir, y habría muerto de verdad
si la Divinidad no me hubiera
sostenido. ¿Pero sabes tú por
qué agregué, y por tres veces:
‘Non mea voluntas, sed Tua
Fiat?’ Yo sentía sobre de Mí todas
las voluntades de las
criaturas juntas, todos sus males,
y a nombre de todas grité al
Padre: ‘No se haga más la voluntad
humana en la tierra, sino la
Divina; la voluntad humana sea
desterrada y la Tuya reine’. Así
que desde entonces, y lo quise
hacer desde el principio de mi
Pasión, porque era la cosa que más
me interesaba y la más
importante, la de llamar a la
tierra el Fiat Voluntas Tua como en
el Cielo así en la tierra. Yo era
el que a nombre de todos
decía: ‘Non mea voluntas, sed Tua
Fiat’. Desde entonces Yo
94
constituía la época del Fiat
Voluntas Tua sobre la tierra; y con
decirlo por tres veces, en la
primera la impetraba, en la
segunda la hacía descender, en la
tercera la constituía reinante
y dominadora; y con decir: ‘Non
mea voluntas, sed Tua Fiat’,
Yo intentaba vaciar a las
criaturas de su voluntad y llenarlas de
la Divina.
Antes de morir, porque no me
quedaban más que horas, Yo
quise contratar con mi Padre
Celestial mi primera finalidad por
la cual vine a la tierra, que la
Divina Voluntad tomara su primer
lugar de honor en la criatura. El
sustraerse de la Voluntad
Suprema había sido el primer acto
del hombre, y por lo tanto
nuestra primera ofensa, todos sus
demás males entran en el
orden secundario, y Yo debí
primero realizar la finalidad del
Fiat Voluntas Tua come in Cielo
così in terra, y después formar
con mis penas la Redención, porque
la misma Redención entra
en el orden secundario; es siempre
mi Voluntad la que tiene el
primado sobre todas las cosas, y
si bien de los frutos de la
Redención se vieron los efectos,
pero fue en virtud de este
contrato que Yo hice con mi Padre
Divino, el que su Fiat debía
venir a reinar sobre la tierra,
realizando la verdadera finalidad
de la creación del hombre y mi
finalidad primaria por la cual
vine a la tierra, que el hombre
pudo recibir los frutos de la
Redención, de otra manera habría
faltado el orden a mi
sabiduría; si el principio del mal
fue su voluntad, a ésta debía
Yo ordenar y restablecer, reunir
Voluntad Divina y humana, y si
bien se vieron primero los frutos
de la Redención, esto dice
nada; mi Voluntad es como un rey,
que si bien es el primero
entre todos, llega al último,
precediéndolo por su honor y
decoro sus pueblos, ejércitos,
ministros, príncipes y toda la
corte real. Así que primero eran
necesarios los frutos de mi
Redención para hacer encontrar la
corte real, los pueblos, los
ejércitos, los ministros, a la
altura de la Majestad de mi
Voluntad.
¿Pero sabes tú quién fue la
primera en gritar junto Conmigo:
‘Non mea voluntas, sed Tua Fiat’?
Fue mi pequeña recién
nacida en mi Voluntad, mi pequeña
hija, que tuvo tal
repugnancia, tal espanto de su
voluntad, que temblorosa se
estrechó a Mí y gritó junto
Conmigo: ‘Padre, si es posible pase
de mí este cáliz de mi voluntad’,
y llorando agregaste junto
Conmigo: ‘Non mea voluntas, sed
Tua Fiat’. ¡Ah! sí, estuviste
tú junto Conmigo en aquel primer
contrato con mi Padre
Celestial, porque se necesitaba al
menos una criatura que
debía hacer válido este contrato,
de otra manera, ¿a quién
darlo? ¿A quién confiarlo? Y para
volver más segura la
95
custodia del contrato, te hice don
de todos los frutos de mi
Pasión, formándolos a tu alrededor
como un ejército
formidable, que mientras hace su
cortejo real a mi Voluntad,
hace guerra encarnizada a la tuya,
por eso, ánimo en el estado
en el que te encuentras, quita el
pensamiento de que Yo pueda
dejarte, esto sería en menoscabo
de mi Querer, siendo que
tengo el contrato de mi Voluntad
depositado en ti. Por eso
estate en paz, es mi Voluntad que
te prueba, que quiere no
sólo purificarte sino destruir aun
la sombra de tu voluntad, por
eso con toda paz sigue el vuelo en
mi Querer, no te preocupes
por nada, tu Jesús hará de manera
que todo lo que pueda
suceder dentro y fuera de ti, hará
resaltar mayormente mi
Voluntad, y ensanchará en ti los
confines de la mía en tu
voluntad humana; soy Yo quien
llevará la batuta en tu interior,
para dirigir todo en ti según mi
Querer. Yo no me ocupé de otra
cosa sino sólo de la Voluntad de
mi Padre, y como todas las
cosas están en Ella, por eso me
ocupé de todo; y si enseñé
alguna oración, no fue otra sino
que la Divina Voluntad se haga
como en el Cielo así en la tierra,
pero era la oración que
encierra todo. Así que Yo no
giraba sino sólo en torno a la
Voluntad Suprema, mis palabras,
mis penas, mis obras, mis
latidos estaban llenos de Voluntad
Celestial. Así quiero que
hagas tú, debes girar tanto en
torno a Ella, hasta hacerte
quemar por el aliento eterno del
fuego de mi Voluntad, de
manera que pierdas cualquier otro
conocimiento, y no sepas
otra cosa, sino sólo y siempre mi
Querer”.
+ + +
20-26
Noviembre 19, 1926
Mi siempre amable Jesús,
atrayéndome en su adorable
Voluntad, me hacía ver y sentir
las condiciones dolorosas en
las cuales la ponen las
ingratitudes de las criaturas, y
suspirando de dolor me ha dicho:
“Hija mía, las penas de mi
Voluntad Divina son inenarrables
e inconcebibles a la naturaleza
humana. Ella está en todas
las criaturas, pero está bajo la
opresión de una tremenda y
desgarradora agonía, porque en vez
de darle el dominio
para hacerla desarrollar su vida
en ellas, la tienen reprimida
sin darle libertad de obrar, de
respirar, de latir. Así que la
voluntad humana obra, respira
libremente, late como quiere,
96
y la mía está sólo para servirla,
para contribuir a sus actos y
estar dentro de esos actos
agonizante, sofocada bajo el
estertor de una agonía de largos
siglos. Mi Voluntad se
agita en la criatura bajo la
opresión de una agonía
desgarradora, y su agitarse son
los remordimientos de
conciencia, las desilusiones, los
reveses, las cruces, el
cansancio de la vida y todo lo que
puede dar molestia a las
pobres criaturas, porque es justo
que teniendo ellas a una
Voluntad Divina en la cruz y
siempre bajo el estertor de la
agonía, Ella con su agitarse las
llame, no pudiendo hacer
diversamente porque no tiene
dominio, quién sabe si
entrando en ellas mismas, al ver
la infelicidad que les da su
mala voluntad, puedan darle un
poco de respiro y de tregua
a su dolorosa agonía. Es tan
dolorosa esta agonía de mi
Voluntad, que mi Humanidad, que la
quiso sufrir en el huerto
de Getsemaní, llegó a buscar ayuda
de mis mismos
apóstoles, la que no obtuvo, y fue
tanto el espasmo que
sudé sangre viva y sintiéndome
sucumbir bajo el peso
enorme de una agonía tan larga y
tremenda de mi Voluntad
Divina, invoqué a mi Padre
Celestial que me ayudara
diciéndole: ‘Padre, si es posible
pase de mí este cáliz’. En
todas las otras penas de mi
Pasión, por cuán atroces, no
dije nunca: ‘Si es posible pase
esta pena’; más bien sobre la
cruz grité ‘sitio’, tengo sed de
penas. En cambio, en esta
pena de la agonía de la Voluntad
Suprema sentí todo el
peso de una agonía tan larga, todo
el desgarro de una
Voluntad Divina que agoniza, que
se agita en las
generaciones humanas. ¡Qué dolor!
No hay dolor que
pueda igualarlo. Ahora el Fiat
Supremo quiere salir, está
cansado y a cualquier costo quiere
salir de esta agonía tan
prolongada, y si tú oyes de
flagelos, de ciudades
derrumbadas, destrucciones, no son
otra cosa que las
fuertes sacudidas de su agonía,
porque no pudiendo más,
quiere hacer sentir a la familia
humana su estado doloroso y
cuán fuertemente se agita en ellas
sin que ninguno le tenga
compasión, y haciendo violencia,
con su agitación quiere
hacer sentir que existe en ellas,
pero que no quiere estar
más en agonía, quiere la libertad,
el dominio, quiere
desarrollar su Vida en ellas. ¡Qué
desorden hija mía en la
sociedad porque no reina mi
Voluntad! Sus almas son como
habitaciones sin orden, todo de
cabeza, la peste es tan
horrible, más que cadáver
putrefacto, y mi Voluntad con su
97
inmensidad que no le es dado
retirarse ni siquiera de un
latido de criatura, agoniza en
medio a tantos males, y esto
es en el orden general de todos;
en el orden particular hay
más aún, en los religiosos, en los
clérigos, en quien se dice
católico, mi Voluntad no sólo
agoniza, sino que la tienen en
estado de letargo, como si no
tuviera vida. ¡Oh! cómo es
más duro, porque en la agonía al
menos me agito, tengo un
desahogo, hago sentir que existo
en ellos, aunque
agonizante, pero en el estado de
letargo está la total
inmovilidad, el estado de muerte
continuado y por eso se
ven sólo las apariencias, los
vestidos de vida religiosa,
porque a mi Voluntad la tienen en
letargo, y como la tienen
en letargo su interior está
adormecido, como si la luz, el bien
no fuera para ellos y si alguna
cosa hacen al exterior, está
vacía de Vida Divina y se resuelve
en humo de vanagloria,
de estima propia y de agradar a
las otras criaturas, y mi
Supremo Querer mientras está
dentro queda fuera de su
obrar. Hija mía, qué afrenta, cómo
quisiera hacer sentir a
todos mi tremenda agonía, el
estertor continuado, el letargo
en el cual ponen a mi Voluntad, la
causa es porque quieren
hacer su voluntad, no la mía, no
la quieren hacer reinar, no
la quieren conocer, y por eso
quiere romper los diques con
sus sacudidas, a fin de que si no
la quieren conocer y recibir
por vía de amor, la conozcan por
vía de justicia. Así que mi
Voluntad cansada de esta agonía de
siglos quiere salir, y
por eso prepara dos modos: El modo
triunfante, que son
sus conocimientos, sus prodigios y
todo el bien que llevará
el Reino del Fiat Supremo, y el
modo de justicia para quien
no la quiere conocer triunfante,
por tanto estará en las
criaturas escoger el modo como la
quieran recibir”.
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