jueves, 9 de marzo de 2023

CUARTA HORA DE LAS 8 A LAS 9 DE LA NOCHE LA CENA EUCARÍSTICA

 



Gracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo
por medio de la oración, y tomando tus pensamientos, tu
lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu
amor, extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi
cabeza sobre tu corazón empiezo:
Dulce amor mío, incontentable siempre en tu amor, veo que
al terminar la cena legal te levantas de la mesa y junto con tus
amados discípulos elevas el himno de agradecimiento al Padre
por haberles dado el alimento, queriendo reparar con esto
todas las faltas de agradecimiento de las criaturas por los
tantos medios como nos das para la conservación de la vida
corporal. Por eso Tú, oh Jesús, en lo que haces, tocas o ves,
tienes siempre en tus labios las palabras:
«¡Gracias te sean dadas, oh Padre!»
También yo, oh Jesús, unida contigo tomo las palabras de
tus labios y diré siempre y en todo: “Gracias por mí y por
todos”, para continuar la reparación por las faltas de
agradecimiento.
Lavatorio de los pies
Pero, oh mi Jesús, parece que tu amor no tiene reposo, veo
que de nuevo haces sentarse a tus amados discípulos, tomas
una palangana con agua, te ciñes una blanca toalla y te
postras a los pies de los apóstoles, en un acto tan humilde que
te atrae la mirada de todo el Cielo y lo hace permanecer
estático, los mismos apóstoles se quedan casi sin movimiento
al verte postrado a sus pies. Pero dime amor mío, ¿qué
quieres? ¿Qué pretendes con este acto tan humilde, humildad
jamás vista y que jamás se verá?
«¡Ah hija mía, quiero todas las almas, y postrado ante ellas
como un pobre mendigo, las pido, las urjo, y llorando tramo mis
insidias de amor para tenerlas! Quiero, postrado a sus pies,
con esta agua mezclada con mis lágrimas lavarlas de cualquier
imperfección y prepararlas a recibirme en el sacramento. Me
importa tanto este acto de recibirme en la Eucaristía, que no
quiero confiar este oficio ni a los ángeles, ni siquiera a mi
amada Mamá, sino que Yo mismo quiero purificarlas, aun las
fibras más íntimas, para disponerlas a recibir el fruto del
56
sacramento, y en los apóstoles era mi intención preparar a
todas las almas.
Intento reparar todas las obras santas y la administración de
los sacramentos, sobre todo hechas por sacerdotes con
espíritu de soberbia, vacías de espíritu divino y de desinterés.
¡Ah, cuántas obras buenas me llegan más para deshonrarme
que para darme honor! ¡Más para amargarme que para
complacerme! ¡Más para darme muerte que para darme vida!
Éstas son las ofensas que más me afligen. Ah, sí hija mía,
numera todas las ofensas más íntimas que se me hacen y
repárame con mis mismas reparaciones, consuela mi corazón
amargado».
¡Oh mi afligido bien, hago mía tu vida y junto contigo intento
reparar todas estas ofensas! Quiero entrar en los más íntimos
escondites de tu corazón divino y reparar con tu mismo
corazón las ofensas más íntimas y secretas que recibes de tus
más amados, y junto contigo quiero girar en todas las almas
que te deben recibir en la Eucaristía, y entrar en sus
corazones, y junto a tus manos pongo las mías para
purificarlas.
Ah, Jesús, con estas tus lágrimas y esta agua con las cuales
lavaste los pies de los apóstoles, lavemos a las almas que te
deben recibir, purifiquemos sus corazones, incendiémoslos,
sacudamos de ellos el polvo con el cual están manchados, a fin
de que recibiéndote, Tú puedas encontrar en ellas tus
complacencias en vez de tus amarguras.
Pero, afectuoso bien mío, mientras estás atento a lavar los
pies de los apóstoles, te miro y veo que otro dolor traspasa tu
corazón santísimo. Estos apóstoles representan a todos los
futuros hijos de la Iglesia, y cada uno de ellos representa la
serie de cada uno de tus dolores: en uno las debilidades; en
otro los engaños; en otro las hipocresías; en otro el amor
desmedido a los intereses; en San Pedro, la falla a los buenos
propósitos y todas las ofensas de los jefes de la Iglesia; en San
Juan, las ofensas de tus más fieles; en Judas todos los
apóstatas, con toda la serie de los graves males causados por
ellos.
¡Ah! Tu corazón está sofocado por el dolor y por el amor,
tanto, que no pudiendo resistir te detienes a los pies de cada
apóstol y rompes en llanto, y ruegas y reparas por cada una de
estas ofensas, e imploras y consigues para todos el remedio
oportuno.
Jesús mío, también yo me uno a Ti, hago mías tus plegarias,
tus reparaciones, tus oportunos remedios para cada alma.
57
Quiero mezclar mis lágrimas a las tuyas, a fin de que jamás
estés solo, sino que siempre me tengas contigo para dividir tus
penas.
Veo, dulce amor mío, que ya estás a los pies de Judas, oigo
tu respiro afanoso, veo que no sólo lloras, sino que sollozas, y
mientras lavas aquellos pies, los besas, te los estrechas al
corazón, y no pudiendo hablar porque tu voz está ahogada por
el llanto, lo miras con tus ojos hinchados por el llanto y le dices
con el corazón:
«Hijo mío, ah, te ruego con la voz de mis lágrimas: ¡No te
vayas al infierno, dame tu alma que postrado a tus pies te pido!
Di, ¿qué quieres? ¿Qué pretendes? Todo te daré con tal de
que no te pierdas. ¡Ah, evítame este dolor, a Mí, tu Dios!»
Y te estrechas de nuevo esos pies a tu corazón, pero viendo
la dureza de Judas, tu corazón se ve en apuros, el amor te
sofoca y estás a punto de desfallecer. Corazón mío y vida mía,
permíteme que te sostenga entre mis brazos.
Comprendo que éstas son las estratagemas amorosas que
usas con cada pecador obstinado, y yo te ruego, oh Jesús,
mientras te compadezco y te doy reparación por las ofensas
que recibes de las almas que se obstinan en no quererse
convertir, que me permitas recorrer junto contigo la tierra, y
donde estén los pecadores obstinados démosles tus lágrimas
para ablandarlos, tus besos y tus abrazos de amor para
encadenarlos a Ti, de manera que no te puedan huir, y así
consolarte por el dolor de la pérdida de Judas.

La institución de la santísima Eucaristía



Jesús mío, gozo y delicia mía, veo que tu amor corre, y
rápidamente corre, te levantas, doliente como estás, y casi
corres a la mesa donde está ya preparado el pan y el vino para
la consagración.
Te veo, corazón mío, que tomas un aspecto todo nuevo y
nunca antes visto, tu divina Persona toma un aspecto tierno,
amoroso, afectuoso, tus ojos resplandecen de luz, más que si
fueran soles; tu rostro encendido resplandece; tus labios
sonrientes, abrasados de amor; y tus manos creadoras se
ponen en actitud de crear. Te veo, amor mío, todo
transformado, parece como si tu Divinidad se desbordara fuera
de tu Humanidad.
Corazón mío y vida mía, Jesús, este aspecto tuyo jamás
visto llama la atención de todos los apóstoles, ellos son presa
de un dulce encanto y no se atreven ni siquiera a respirar. La
dulce Mamá corre en espíritu a los pies del altar para
contemplar los portentos de tu amor; los ángeles descienden
del Cielo y se preguntan entre ellos: «¿Qué sucede? ¿Qué
pasa?» ¡Son verdaderas locuras, verdaderos excesos! ¡Un
Dios que crea, no el cielo o la tierra, sino a Sí mismo! ¿Y
dónde? ¡Dentro de la materia vilísima de un poco de pan y un
poco de vino!
Pero mientras están todos en torno a Ti, oh amor insaciable,
veo que tomas el pan entre las manos, lo ofreces al Padre y
oigo tu voz dulcísima que dice:
«Padre Santo, gracias te sean dadas, pues siempre
escuchas a tu Hijo. Padre Santo, concurre conmigo, Tú un día
me enviaste del Cielo a la tierra a encarnarme en el seno de mi
Mamá para venir a salvar a nuestros hijos, ahora permíteme
que me encarne en cada una de las hostias para continuar su
salvación y ser vida de cada uno de mis hijos. Mira, oh Padre,
pocas horas me quedan de vida, ¿cómo tendré corazón para
dejar solos y huérfanos a mis hijos? Son muchos sus
enemigos, las tinieblas, las pasiones, las debilidades a que
están sujetos, ¿quién los ayudará? ¡Ah, te suplico que Yo
permanezca en cada hostia para ser vida de cada uno y poner
en fuga a sus enemigos, y ser su luz, fuerza y ayuda, de otra
manera, ¿a dónde irán? ¿Quién los ayudará? Nuestras obras
son eternas, mi amor es irresistible, no puedo ni quiero dejar a
mis hijos».
El Padre se enternece ante la voz tierna y afectuosa del Hijo,
y desciende del Cielo. Está ya sobre el altar y unido con el
Espíritu Santo para concurrir con el Hijo. Y Jesús con voz
sonora y conmovedora pronuncia las palabras de la
consagración, y sin dejarse a Si mismo, crea a Si mismo en
aquel pan y en aquel vino. Después te das en comunión a tus
apóstoles, y creo que nuestra celestial Mamá no quedó privada
de recibirte. ¡Ah Jesús, los cielos se postran, y todos te
mandan un acto de adoración en tu nuevo estado de tan
profundo aniquilamiento!



Pero, oh dulce Jesús, mientras tu amor queda contentado y
satisfecho no teniendo otra cosa qué hacer, veo, oh mi bien,
sobre este altar, en tus manos, todas las hostias consagradas
que se perpetuarán hasta el fin de los siglos, y en cada una de
las hostias desplegada toda tu dolorosa Pasión, porque las
criaturas, a los excesos de tu amor, corresponderán con
excesos de ingratitud y de enormes delitos, y yo, corazón de mi
corazón, quiero encontrarme siempre contigo en cada uno de
los tabernáculos, en todos los copones y en cada una de las
hostias consagradas que habrá hasta el fin del mundo, para
ofrecerte mis actos de reparación a medida que recibes las
ofensas. Por eso corazón mío, me pongo cerca de Ti y te beso
la frente majestuosa, pero mientras te beso siento en mis
labios los pinchazos de las espinas que circundan tu cabeza.
Oh mi Jesús, en esta hostia santa no te limitan las espinas
como en la Pasión, veo que las criaturas vienen a tu presencia
y en vez de darte el homenaje de sus pensamientos, te
mandan sus pensamientos malos, y Tú de nuevo bajas la
cabeza como en la Pasión para recibir las espinas de los malos
pensamientos que se hacen en tu presencia.



Oh mi amor, junto contigo la abajo también yo para dividir
contigo tus penas, y pongo todos mis pensamientos en tu
mente para quitar estas espinas que tanto te hacen sufrir, y
cada pensamiento mío corra en cada pensamiento tuyo para
hacerte el acto de reparación por cada pensamiento malo y así
endulzar tus afligidos pensamientos.
Jesús mío, bien mío, beso tus bellos ojos, te veo en esta
hostia santa, con estos ojos amorosos, en acto de esperar a
todos aquellos que vienen a tu presencia para mirarlos con tus
miradas de amor, para tener la correspondencia de sus
miradas amorosas, pero cuántos vienen a tu presencia y en
vez de mirarte a Ti y buscarte a Ti, miran cosas que los
distraen de Ti, y te privan del gusto del intercambio de las
miradas entre Tú y ellos, y Tú lloras, y por eso, besándote,
siento mis labios bañados por tus lágrimas. Ah, mi Jesús, no
llores, quiero poner mis ojos en los tuyos para compartir estas
tus penas y llorar contigo, y repararte por todas las miradas
distraídas de las criaturas con ofrecerte mis miradas y tenerlas
siempre fijas en Ti.
   


Jesús mío, amor mío, beso tus santísimos oídos, ah, te veo
atento para escuchar lo que las criaturas quieren de Ti, para
consolarlas, pero ellas, en cambio, te hacen llegar a los oídos
oraciones mal hechas, llenas de desconfianza, oraciones
hechas más por costumbre y sin vida, y tus oídos en esta
hostia santa son molestados más que en la misma Pasión.
Oh mi Jesús, quiero tomar todas las armonías del Cielo y
ponerlas en tus oídos para repararte estas penas, y quiero
poner mis oídos en los tuyos, no sólo para compartir contigo
esta pena, sino para estar siempre atenta a lo que quieres, a lo
que sufres, para poner pronto mi acto de reparación y
consolarte.
Jesús, vida mía, beso tu santísimo rostro, lo veo
ensangrentado, lívido e hinchado. Las criaturas, oh Jesús,
vienen ante esta hostia santa, y con sus posturas indecentes,
con sus conversaciones malas que hacen delante a Ti, en vez
de darte honor te dan bofetadas y salivazos, y Tú, como en la
Pasión, con toda paz y paciencia los recibes, y todo soportas.
Oh Jesús, quiero poner mi rostro junto al tuyo, no sólo para
acariciarte y besarte conforme te llegan estas bofetadas y
quitarte los salivazos, sino que quiero fundir mi rostro en el tuyo
para dividir contigo estas penas, también quiero hacer de mi
ser tantos diminutos pedacitos para ponerlos ante Ti como
tantas estatuas arrodilladas continuamente, para repararte por
todos los deshonores que te hacen en tu presencia.
Jesús, mi todo, beso tu dulcísima boca. Ah, veo que al
descender en los corazones de las criaturas, el primer apoyo
que Tú haces es sobre la lengua. ¡Oh, cómo quedas amargado
encontrando muchas lenguas mordaces, impuras, malas! ¡Ah!
Tú te sientes atormentar por esas lenguas, y peor aún cuando
desciendes a sus corazones. ¡Oh Jesús, si fuera posible
quisiera encontrarme en la boca de cada una de las criaturas
para endulzarte y repararte cualquier ofensa que recibas de
ellas!
Fatigado bien mío, beso tu santísimo cuello, te veo cansado,
agotado y todo ocupado en tu trabajo de amor, dime ¿qué
haces? Y Jesús:
«Hija mía, Yo en esta hostia trabajo desde la mañana hasta
la noche formando continuas cadenas de amor, a fin de que
conforme las almas vienen a Mí, Yo las hago encontrar pronta
mi cadena de amor para encadenarlas a mi corazón; ¿pero
sabes tú qué me hacen ellas a cambio? Muchas toman a mal
estas mis cadenas, y por la fuerza se liberan de ellas y las
hacen pedazos, y como estas cadenas están atadas a mi
corazón, Yo quedo torturado y doy en delirio; al romper mis
cadenas tiran al vacío mi trabajo que hago en el Sacramento, y
buscan las cadenas de las criaturas, y esto lo hacen aun en mi
presencia, sirviéndose de Mí para lograr sus intentos. Esto me
da tanto dolor que me da una fiebre tan violenta que me hace
desfallecer y delirar».
Prisionero de amor, Tú estás no sólo aprisionado sino
también encadenado, y con ansia febril estás esperando los
corazones de las criaturas para descender en ellos y salir de tu
prisión, y con las cadenas que te ataban encadenar sus almas
a tu amor.
Pero con sumo dolor ves que vienen ante Ti con un aire
indiferente, sin premuras por recibirte; otras de hecho no te
reciben; y otras, si te reciben, sus corazones están atados por
otros amores y llenos de vicios, como si Tú fueras
despreciable, y Tú, vida mía, estás obligado a salir de estos
corazones encadenado como entraste, porque no te han dado
la libertad de hacerse atar, y han cambiado tus ansias en
llanto.
Jesús mío, permíteme que enjugue tus lágrimas y te
tranquilice el llanto con mi amor, y para repararte te ofrezco las
ansias y suspiros, los deseos ardientes que te han dado todos
los santos que han existido y existirán, los de tu Mamá y el
mismo amor del Padre y del Espíritu Santo, y yo haciendo mío
este amor, quiero ponerme a las puertas del tabernáculo para
hacerte las reparaciones y gritar detrás a las almas que
quisieran recibirte para hacerte llorar, ‘te amo’, y tantas veces
intento repetir estos actos de reparación, por cuantos contentos
das a todos los santos, y por cuantos movimientos contiene la
santísima Trinidad.
Coronada Mamá, te beso el corazón y te pido que custodies
mis afectos, mis deseos, mis latidos, mis pensamientos, y que
los pongas como lámparas a la puerta de los tabernáculos para
cortejar a Jesús.
¡Cuánto te compadezco, oh Jesús! Tu amor es puesto en
aprietos, ¡ah! te ruego, para consolarte por las ofensas que
recibes y para repararte por tus cadenas que son hechas
pedazos, que encadenes mi corazón con todas estas cadenas
para poder darte por todos mi correspondencia de amor.
Jesús mío, flechero divino, beso tu pecho. Es tal y tanto el
fuego que él contiene, que para dar un poco de desahogo a tus
llamas que se elevan tan alto, Tú, queriendo hacer un
descanso en tu trabajo, quieres jugar en el Sacramento, y tu
juego es formar flechas, dardos, saetas, a fin de que cuando
vengan ante Ti, Tú te pongas a jugar con las criaturas,
haciendo salir de tu pecho tus flechas para flecharlas, y cuando
las reciben Tú haces fiesta y formas tu juego, pero muchas, oh
Jesús, te las rechazan, enviándote en correspondencia flechas
de frialdad, dardos de tibieza y saetas de ingratitud; y Tú
quedas tan afligido por esto, que lloras porque las criaturas te
hacen fracasar en tu juego de amor.
Oh Jesús, he aquí mi pecho dispuesto a recibir no sólo tus
flechas destinadas para mí, sino también aquellas que te
rechazan los demás, y así no quedarás más frustrado en tus
juegos, y quiero también repararte por las frialdades, las
tibiezas y las ingratitudes que recibes.
Oh Jesús, beso tu mano izquierda y quiero reparar por todos
los tocamientos ilícitos y no santos hechos en tu presencia, y te
ruego que con esta mano me tengas siempre estrechada a tu
corazón.
Oh Jesús, beso tu mano derecha, e intento reparar todos los
sacrilegios, especialmente las misas malamente celebradas.
¡Cuántas veces, amor mío Tú eres obligado a descender del
Cielo a las manos de los sacerdotes, que en virtud de su
potestad te llaman, y encuentras esas manos llenas de fango,
que chorrean inmundicia, y Tú, aunque sientes náusea de esas
manos te ves obligado por tu amor a permanecer en ellas! Es
más, en algunos sacerdotes, Tú encuentras en ellos a los
sacerdotes de tu Pasión, que con sus enormes delitos y
sacrilegios renuevan el deicidio. ¡Jesús mío, me da espanto el
sólo pensarlo! Y otra vez, como en la Pasión, te estás en
aquellas manos indignas, como manso corderito, esperando de
nuevo tu muerte.
¡Oh Jesús, cuánto sufres, Tú quisieras una mano amorosa
para liberarte de esas manos sanguinarias! Ah, te ruego que
cuando te encuentres en esas manos me llames para estar
presente, y para repararte quiero cubrirte con la pureza de los
ángeles, perfumarte con tus virtudes para disminuir el hedor de
aquellas manos y mi corazón como consuelo y refugio, y
mientras estés en mí yo te rogaré por los sacerdotes, para que
sean dignos ministros tuyos, y no pongan en peligro tu vida
sacramental.
Oh Jesús, beso tu pie izquierdo, y quiero repararte por
quienes te reciben por rutina y sin las debidas disposiciones.
Oh Jesús, beso tu pie derecho, y quiero repararte por
aquellos que te reciben para ultrajarte. Ah, te ruego que
cuando se atrevan a hacer esto, renueves el milagro cuando
Longinos te traspasó el corazón con la lanza, y al flujo de
aquella sangre que brotó, tocándole los ojos lo convertiste y lo
sanaste, y así, a tu toque sacramental, conviertas las ofensas
en amor.
Oh Jesús, beso tu corazón, contra el cual se hacen todas las
ofensas, y yo intento repararte de todo, y por todos darte una
correspondencia de amor, y siempre junto contigo compartir tus
penas.
Ah, te ruego celestial flechero de amor, si alguna ofensa
huye a mi reparación, aprisióname en tu corazón y en tu
Voluntad, a fin de que nada se me escape. Rogaré a la dulce
Mamá que me tenga alerta, y junto con Ella te repararemos
todo y por todos, juntas te besaremos, y haciéndonos tu
defensa alejaremos de Ti las olas de las amarguras que
recibes de las criaturas.

Ah Jesús, recuerda que también yo soy una pobre
encarcelada, es verdad que tu cárcel es más estrecha, cual es
el breve giro de una hostia, por eso enciérrame en tu corazón,
y con las cadenas de tu amor no solo aprisióname, sino ata
uno por uno mis pensamientos, mis afectos, mis deseos, átame
las manos y los pies a tu corazón para que yo no tenga otras
manos y otros pies que los tuyos. Así que, amor mío, mi cárcel
será tu corazón, las cadenas el amor, las puertas que me
impedirán salir será tu santísima Voluntad, tus llamas serán mi
alimento, tu respiro será el mío, así que no veré más que
llamas, no tocaré sino fuego, que me darán vida y muerte,
como la que sufres Tú en la hostia, y así te daré mi vida; y
mientras yo quedaré aprisionada en Ti, Tú quedarás libre en
mí. ¿No ha sido éste tu intento al encarcelarte en la hostia, el
ser desencarcelado por las almas que te reciben, tomando vida
en ellas? Por eso, en señal de amor bendíceme y dame un
beso, yo te abrazo y permanezco en Ti.
Pero, oh dulce corazón mío, veo que después de que has
instituido el santísimo Sacramento y que has visto las enormes
ingratitudes y ofensas de las criaturas, si bien quedas herido y
amargado, no te haces para atrás, es más, quieres ahogarlo
todo en la inmensidad de tu amor; veo que instruyes a tus
apóstoles, y después agregas que lo que has hecho Tú lo
deben hacer ellos también, dándoles potestad de consagrar, y
de tal manera los ordenas sacerdotes e instituyes este otro
sacramento. Así que, oh Jesús, en todo piensas y todo
reparas, las predicaciones mal hechas, los sacramentos
administrados y recibidos sin disposiciones, y por eso, sin
efectos; las vocaciones equivocadas de los sacerdotes, por
parte de ellos como por parte de quien los ordena, no usando
todos los medios para conocer las verdaderas vocaciones.
Nada se te escapa, oh Jesús, y yo quiero seguirte y reparar
todas estas ofensas.
Después de que has dado cumplimiento a todo, en
compañía de tus apóstoles te encaminas al huerto de
Getsemaní para dar principio a tu dolorosa Pasión. Te seguiré
en todo, para hacerte fiel compañía.
+ + +

Reflexiones de la Cuarta Hora (8 PM)
20-21
Noviembre 4, 1926
…En el Evangelio se lee con asombro cuando Yo postrado a
los pies de mis apóstoles les lavé los pies y no omití ni siquiera
al pérfido Judas, este acto, ciertamente muy humilde y de
indecible ternura, del cual la Iglesia hace memoria, pero fue
sólo una vez que Yo hice este acto. En cambio mi Voluntad
desciende más en lo bajo, se pone bajo los pies con un acto
continuado para sostenerlos, para volver firme la tierra, a fin de
que no se precipiten en el abismo, sin embargo ninguna
atención. Y la noble Reina espera con paciencia invicta,
velada por tantos siglos en todas las cosas creadas, que su
Voluntad sea conocida, y cuando sea conocida romperá sus
tantos velos que la esconden y hará conocer qué cosa ha
hecho durante tantos siglos por amor del hombre, dirá cosas
inauditas, excesos de amor jamás pensados por nadie. He
aquí por qué hablándote de mi Voluntad te hablo
frecuentemente de la Creación, porque Ella es vida de todas
las cosas creadas y por medio de ellas da vida a todos, y esta
vida quiere ser conocida para que venga el Reino del Eterno
Fiat. Mi Voluntad está velada en todo: Está velada en el viento
y desde dentro de aquellos velos le lleva su refrigerante
frescura como acariciándolo, y su aliento regenerador para
regenerarlo continuamente a nueva vida siempre creciente de
gracia, y la noble Reina velada en el viento se siente cambiar
sus caricias en ofensas y su frescura en ardores de pasiones
humanas, y su aliento regenerador en recambio de aliento
mortal a su Gracia, y Ella sacude sus velos y el viento se
cambia en furor, y con su impetuosidad arrastra gentes,
ciudades y regiones como si fueran plumas, haciendo conocer
la potencia de la noble Reina que se esconde en el viento. No
hay cosa creada en la que mi Voluntad no esté velada, y por
eso todas esperan que sea conocida y que venga el reino del
Fiat Supremo y su pleno triunfo”.
+ + +
4-183
Marzo 12, 1903
…“Hija mía, lo mismo sucedió cuando en el consistorio de la
Sacrosanta Trinidad se decretó el misterio de la Encarnación
para salvar al género humano, y Yo unido con su Voluntad
65
acepté y me ofrecí víctima por el hombre; todo fue unión entre
las Tres Divinas Personas y todo fue planeado juntos, pero
cuando me puse a la obra llegó un momento, especialmente
cuando me encontré en el ambiente de las penas, de los
oprobios, cargado de todas las maldades de las criaturas, que
me quedé solo y abandonado por todos, hasta por mi amado
Padre; y no sólo esto, sino que así, cargado de todas las penas
como estaba, debía forzar al Omnipotente que aceptara y que
me hiciera continuar mi sacrificio por la salvación de todo el
género humano, presente, pasado y futuro. Y esto lo obtuve. El
sacrificio dura aún, el esfuerzo es continuo, si bien esfuerzo
todo de amor, ¿y quieres saber dónde y cómo? En el
sacramento de la Eucaristía, en él el sacrificio es continuo,
perpetuo, es la fuerza que hago al Padre para que use
misericordia con las criaturas y con las almas para obtener su
amor, y me encuentro en continuo contraste de morir
continuamente, si bien todas muertes de amor. Entonces, ¿no
estás contenta de que te haga partícipe de los períodos de mi
misma vida?”
+ + +
11-111
Noviembre 13, 1915
Después de haber recibido la Santa Comunión, pensaba
para mí cómo debía ofrecerla para complacer a Jesús. Y Él,
siempre benigno, me dijo:
“Hija mía, si quieres agradarme, ofrécela como la ofreció mi
misma Humanidad. Yo, antes de darme en comunión a los
demás, me comulgué a Mí mismo, y quise hacer esto para dar
al Padre la gloria completa de todas las Comuniones de las
criaturas, para encerrar en Mí todas las reparaciones de todos
los sacrilegios, de todas las ofensas que habría de recibir en el
Sacramento. Mi Humanidad, encerrando la Voluntad Divina,
encerraba todas las reparaciones de todos los tiempos, y
recibiéndome a Mí mismo, me recibía dignamente; y como
todas las obras de las criaturas fueron divinizadas por mi
Humanidad, así también quise sellar con mi comunión las
comuniones de las criaturas; de otra manera, ¿cómo podía la
criatura recibir a un Dios? Fue mi Humanidad la que abrió esta
puerta a las criaturas y les mereció recibirme a Mí mismo.
Ahora tú hija mía, recíbela en mi Voluntad, únete a mi
Humanidad y así encerrarás todo y Yo encontraré en ti las
reparaciones de todos, la retribución de todo y mi
complacencia, más bien encontraré otra vez a Mí mismo en ti”.
66
11-132
Octubre 2, 1916
Esta mañana recibí la comunión como Jesús me había
enseñado, esto es, unida con su Humanidad, Divinidad y
Voluntad suya, y Jesús se hizo ver y yo lo besé y lo estreché a
mi corazón, y Él devolviéndome el beso y el abrazo, me dijo:
“Hija mía, ¡cómo estoy contento de que hayas venido a
recibirme unida con mi Humanidad, mi Divinidad y mi Voluntad!
Me has renovado todo el contento que sentí al recibirme en
comunión a Mí mismo, y mientras tú me besabas y me
abrazabas, estando en ti todo Yo mismo, contenías todas las
criaturas, y Yo sentía darme el beso de todas, los abrazos de
todas, porque ésta era tu voluntad, igual que fue la mía al
recibirme en la comunión, rehacer al Padre por todo el amor de
las criaturas y a pesar de que muchos no lo amarían, y el
Padre se rehacía en Mí del amor de todas las criaturas, y Yo
me rehago en ti del amor de todas las criaturas, y habiendo
encontrado en mi Voluntad quien me ama, me repara, etc., a
nombre de todas, porque en mi Voluntad no hay cosa que el
alma no pueda darme, me siento amar a las criaturas a pesar
de que me ofendan, y voy inventando estratagemas de amor
en torno a los corazones más duros para convertirlos. Sólo por
amor de estas almas que hacen todo en mi Querer, Yo me
siento como encadenado y raptado y les concedo los prodigios
de las más grandes conversiones”.
+ + +
12-24
Octubre 23, 1917
Esta mañana, después de haber recibido al bendito Jesús
estaba diciéndole: “Vida mía Jesús, dime, ¿cuál fue el primer
acto que hiciste cuando te recibiste a Ti mismo
Sacramentalmente”.
Y Jesús: “Hija mía, el primer acto que hice fue el de
multiplicar mi Vida en tantas Vidas mías por cuantas criaturas
puedan existir en el mundo, a fin de que cada una tuviera una
Vida mía únicamente para ella, que continuamente reza,
agradece, da satisfacción, ama, por ella sola, como también
multiplicaba mis penas por cada alma, como si por ella sola
sufriera y no por otros. En aquel momento supremo de
recibirme a Mí mismo, Yo me daba a todos, y a sufrir en cada
uno de los corazones mi Pasión, para poder sojuzgar los
67
corazones por vía de penas y de amor, y dándoles todo lo mío
divino, venía a tomar el dominio de todos. Pero, ¡ay de Mí! mi
amor quedó desilusionado por muchos y espero con ansia los
corazones amantes, que recibiéndome se unan Conmigo para
multiplicarse en todos, deseando y queriendo lo que quiero Yo,
para tomar al menos de ellos lo que no me dan los otros, y
para recibir el contento de tenerlos conforme a mi deseo y a mi
Voluntad. Por eso hija mía, cuando me recibas haz lo que hice
Yo, y Yo tendré el contento de que al menos seamos dos que
queremos la misma cosa”.
Pero mientras esto decía, Jesús estaba muy afligido, y yo le
he dicho: “Jesús, ¿qué tienes que estás tan afligido?”
“¡Ay, ay, cuantos males, como torrente impetuoso inundarán
los países, cuántos males, cuántos males! Italia está
atravesando horas tristes, tristísimas. Estréchense más a Mí,
estén de acuerdo entre ustedes, rueguen a fin de que los
males no sean peores”.
Y yo: “¡Ah! mi Jesús, ¿qué será de mi país? No será que ya
no me quieres como antes, porque queriéndome Tú
perdonabas en algo los castigos”.
Y Él casi llorando: “No es verdad, te quiero bien”.
+ + +
12-66
Octubre 24, 1918
Estaba preparándome para recibir a mi dulce Jesús en el
sacramento y le pedía que cubriera Él mi gran miseria, y Jesús
me ha dicho:
“Hija, para hacer que la criatura pudiera tener todos los
medios necesarios para recibirme, quise instituir este
sacramento al final de mi Vida, para poder alinear en torno a
cada hostia toda mi Vida, como preparativo para cada una de
las criaturas que me habría de recibir. La criatura jamás podría
recibirme si no tuviera a un Dios que preparara todo, que
movido solamente por exceso de amor por quererse dar a la
criatura, y no pudiendo ésta recibirme, ese mismo exceso me
llevara a dar toda mi Vida para prepararla, así que ponía todos
mis pasos, mis obras, mi amor, delante de los suyos, y como
en Mí estaba también mi Pasión, ponía también mis penas
para prepararla. Así que revístete de Mí, cúbrete con cada uno
de mis actos y ven”.
Después me he lamentado con Jesús porque ya no me
hacía sufrir como antes, y Él ha agregado:
68
“Hija mía, Yo no miro tanto el sufrir, sino la buena voluntad
del alma y el amor con el que sufre, por eso el más pequeño
sufrimiento se hace grande, las naderías toman vida en el todo
y adquieran valor, y el no sufrir es más fuerte que el mismo
sufrir. ¡Qué dulce violencia es para Mí ver a una criatura que
quiere sufrir por amor mío! Qué me importa a Mí que no sufra,
cuando veo que el no sufrir le es un clavo más doloroso que el
mismo sufrir; en cambio, la no buena voluntad, las cosas
forzadas y sin amor, por cuanto grandes, son pequeñas; Yo no
las miro, más bien me son de peso”.
+ + +
12-144
Diciembre 25, 1920
…Has de saber que mi suerte Sacramental es más dura aún
que mi suerte infantil: La gruta, si bien fría, era espaciosa,
tenía aire para respirar; la hostia también es fría, es tan
pequeña que casi me falta el aire. En la gruta tuve un pesebre
con un poco de heno por lecho, en mi Vida Sacramental aun el
heno me falta, y por lecho no tengo más que metales duros y
helados. En la gruta tenía a mi amada Mamá que
frecuentemente me tomaba con sus purísimas manos y me
cubría con besos ardientes para calentarme, me calmaba el
llanto, me nutría con su leche dulcísima; todo lo contrario en mi
Vida Sacramental, no tengo una Mamá, si me toman, siento el
toque de manos indignas, manos que huelen a tierra y a
estiércol; ¡oh! cómo siento más esta peste que la del estiércol
de la gruta, en vez de cubrirme con besos me tocan con actos
irreverentes, y en vez de leche me dan la hiel de los
sacrilegios, de los descuidos, de las frialdades. En la gruta,
San José no dejó que me faltara una lamparita de luz en las
noches; aquí en el sacramento, ¿cuántas veces quedo en la
oscuridad, aun en la noche? ¡Oh! cómo es más dolorosa mi
suerte Sacramental, cuántas lágrimas ocultas no vistas por
ninguno, cuántos gemidos no escuchados. Si te ha movido a
piedad mi suerte infantil, mucho más te debe mover a piedad
mi suerte Sacramental”.
+. +. +
14-16
Marzo 24, 1922
…“Hija mía, conforme el alma hace sus actos en mi Querer,
así multiplica mi Vida, de manera que si hace diez actos en mi
69
Voluntad, diez veces me multiplica; si hace veinte, cien, mil, o
aún más, tantas veces de más quedo multiplicado. Sucede
como en la Consagración Sacramental, cuantas hostias ponen,
tantas veces quedo multiplicado, la diferencia que hay es que
en la Consagración Sacramental tengo necesidad de las
hostias para multiplicarme y del sacerdote que me consagre.
En mi Voluntad para quedar multiplicado, tengo necesidad de
los actos de la criatura, donde más que hostia viva, no muerta
como las hostias antes de Consagrarme, mi Voluntad me
Consagra y me encierra en el acto de la criatura, y Yo quedo
multiplicado en cada acto suyo hecho en mi Voluntad, por eso
mi amor tiene su desahogo completo con las almas que hacen
mi Voluntad y viven en mi Querer, son siempre ellas las que
suplen no sólo a todos los actos que me deben las criaturas,
sino a mi misma Vida Sacramental. Cuántas veces queda
obstaculizada mi Vida Sacramental en las pocas hostias en las
que Yo quedo consagrado, porque son pocos los que
comulgan, otras veces faltan sacerdotes que me consagren, y
mi Vida Sacramental no sólo no queda multiplicada cuanto
quisiera, sino que queda sin existencia. ¡Oh! cómo sufre por
ello mi amor, quisiera multiplicar mi Vida todos los días en
tantas hostias por cuantas criaturas existen para darme a ellas,
pero en vano espero, mi Voluntad queda sin efecto. Pero lo
que he decidido, todo tendrá cumplimiento, por eso tomo otro
camino y me multiplico en cada acto de la criatura hecho en mi
Querer, para hacerme suplir a la multiplicación de las Vidas
Sacramentales. Ah, sí, sólo las almas que vivan en mi Querer
suplirán a todas las comuniones que no reciben las criaturas, a
todas las consagraciones que no son hechas por los
sacerdotes; en ellas encontraré todo, aun la misma
multiplicación de mi Vida Sacramental. Por eso te repito que tu
misión es grande, a misión más alta, más noble, sublime y
divina no podría escogerte, no hay cosa que no concentraré en
ti, aun la multiplicación de mi Vida, haré nuevos prodigios de
gracia jamás hechos hasta ahora; por eso te pido, sé atenta,
seme fiel, haz que mi Voluntad tenga vida siempre en ti, y Yo
en mi mismo Querer en ti, encontraré toda completada la obra
de la Creación, con mis plenos derechos, y todo lo que quiero”.
+ + +
70
14-40
Julio 6, 1922
…Después de esto he continuado con las demás horas de la
Pasión, y mientras seguía la cena eucarística, mi dulce Jesús
se movió en mi interior y con la punta de su dedo ha tocado
fuerte en mi interior, tanto que lo he oído con mis oídos y he
dicho entre mí: “¿Qué querrá Jesús que llama?” Y Él
llamándome me ha dicho:
“No bastaba tocar para hacerme oír, sino también llamarte
para ser escuchado. Escucha hija mía, mientras instituía la
cena Eucarística llamé a todos en torno a Mí, miré todas las
generaciones, del primero al último hombre, para dar a todos
mi Vida Sacramental, y no una vez, sino tantas veces por
cuantas veces tiene necesidad del alimento corporal. Yo quería
constituirme como alimento del alma, pero me encontré muy
mal al ver que esta mi Vida Sacramental quedaba rodeada por
desprecios, por descuidos y aun por muerte despiadada. Me
sentí mal, sentí todas las congojas de la muerte de mi Vida
Sacramental tan dolorosa y repetida; pero miré mejor, hice uso
de la potencia de mi Querer y llamé en torno a Mí a las almas
que habrían vivido en mi Querer, ¡oh! ¡Cómo me sentía feliz!
Me sentía rodeado por estas almas a las cuales la potencia de
mi Voluntad las tenía como abismadas, y que como centro de
su vida estaba mi Querer; vi en ellas mi inmensidad y me
encontré bien defendido por todas, y a ellas confié mi Vida
Sacramental, la deposité en ellas para que no sólo me cuidaran
sino que me correspondieran por cada hostia Consagrada con
una vida de ellas, y esto sucede como connatural, porque mi
Vida Sacramental está animada por mi Voluntad eterna, y la
vida de estas almas tiene como centro de vida mi Querer, así
que cuando se forma mi Vida Sacramental, mi Querer obrante
en Mí obra en ellas y Yo siento su vida en mi Vida
Sacramental, se multiplican Conmigo en cada una de las
hostias, y Yo siento que me dan vida por vida. ¡Oh, cómo
exulté al verte a ti como primera, que en modo especial te
llamé a formar vida en mi Querer! Hice en ti mi primer depósito
de todas mis Vidas Sacramentales, te confié a la potencia y a
la inmensidad del Querer Supremo, a fin de que te hicieran
capaz de recibir este depósito, y desde entonces tú estabas
presente a Mí y te constituí depositaria de mi Vida
Sacramental, y en ti a todas las demás almas que habrían
vivido en mi Querer. Te di el primado sobre todo, y con razón,
porque mi Querer no está puesto por debajo de ninguno, aun
71
sobre los apóstoles, sobre los sacerdotes, porque si bien ellos
me Consagran pero no quedan vida junto Conmigo, más bien
me dejan solo, olvidado, no teniendo cuidado de Mí; en cambio
esas almas habrían sido vida en mi misma Vida, inseparables
de Mí, por eso te amo tanto, es a mi mismo Querer que amo en
ti”.
+ + +
15-12
Marzo 27, 1923
Habiendo recibido la comunión, mi dulce Jesús se ha hecho
ver, y yo apenas lo he visto me he arrojado a sus pies para
besarlos y estrecharme toda a Él. Y Jesús extendiéndome la
mano me ha dicho:
"Hija mía, ven entre mis brazos y hasta dentro de mi
corazón, me he cubierto de los velos Eucarísticos para no
infundir temor, he descendido en el abismo más profundo de
las humillaciones en este Sacramento para elevar a la criatura
hasta Mí, fundiéndola tanto en Mí de formar una sola cosa
Conmigo, y con hacer correr mi sangre sacramental en sus
venas constituirme vida de su latido, de su pensamiento y de
todo su ser. Mi amor me devoraba y quería devorar a la
criatura en mis llamas para hacerla renacer como otro Yo, por
eso quise esconderme bajo estos velos eucarísticos, y así
escondido entrar en ella para formar esta transformación de la
criatura en Mí; pero para que suceda esta transformación se
necesitaban las disposiciones por parte de las criaturas, y mi
amor llegando al exceso, mientras instituía el Sacramento
Eucarístico, así ponía fuera de dentro de mi Divinidad otras
gracias, dones, favores, luz para bien del hombre, para volverlo
digno de poderme recibir; podría decir que puse fuera tanto
bien de sobrepasar los dones de la Creación, quise darle
primero las gracias para recibirme, y después darme para darle
el verdadero fruto de mi Vida Sacramental. Pero para preparar
con estos dones a las almas, se necesita un poco de vacío de
ellas mismas, de odio a la culpa, de deseo de recibirme; estos
dones no descienden en la podredumbre, en el fango, por tanto
sin mis dones no tienen las verdaderas disposiciones para
recibirme, y Yo descendiendo en ellas no encuentro el vacío
para comunicar mi Vida, estoy como muerto para ellas, y ellas
muertas para Mí; Yo ardo y ellas no sienten mis llamas, soy luz
y ellas quedan más cegadas. ¡Ay de Mí! cuántos dolores en mi
Vida Sacramental, muchas por falta de disposiciones, no
sintiendo nada de bien en el recibirme, llegan a nausearme, y
72
si continúan recibiéndome es para formar mi continuo calvario
y su eterna condenación, si no es el amor lo que las lleva a
recibirme, es una afrenta de más que me hacen, es una culpa
de más que agregan a sus almas. Por eso reza y repara por los
tantos abusos y sacrilegios que se hacen al recibirme
Sacramentado".
+ + +
15-30
Junio 18, 1923

Me sentía toda absorbida en la Santísima Voluntad de Dios,
y el bendito Jesús me hacía presentes, como en acto, todos los
actos de su Vida sobre la tierra, y como lo había recibido
sacramentado en mi pobre corazón, me hacía ver como en
acto, en su Santísimo Querer, cuando mi dulce Jesús
instituyendo el Santísimo Sacramento se comulgó a Sí mismo.
Cuántas maravillas, cuántos prodigios, cuántos excesos de
amor en este comulgarse a Sí mismo, mi mente se perdía en
tantos prodigios divinos, y mi siempre amable Jesús me ha
dicho:
"Hija querida de mi Supremo Querer, mi Voluntad contiene
todo, conserva todas las obras divinas como en acto y nada
deja escapar, y a quien en Ella vive quiere hacerle conocer los
bienes que contiene. Por eso quiero hacerte conocer la causa
por la que quise recibirme a Mí mismo al instituir el Santísimo
Sacramento. El prodigio era grande e incomprensible a la
mente humana: recibir la criatura a un Hombre y Dios, encerrar
en el ser finito el infinito, y a este Ser infinito darle los honores
divinos, el decoro, la habitación digna de Él, era tan profundo e
incomprensible este misterio, que los mismos apóstoles,
mientras creyeron con facilidad en la Encarnación y en tantos
otros misterios, delante a éste quedaron turbados y su
inteligencia se resistía a creer, y se necesitó hablarles
repetidamente para rendirlos; entonces, ¿cómo hacer? Yo que
lo instituía debía pensar en todo, porque mientras la criatura
debía recibirme, a la Divinidad no debían faltarle los honores, el
decoro divino, la habitación digna de Dios. Por eso hija mía,
mientras instituía el Santísimo Sacramento, mi Voluntad eterna
unida a mi voluntad humana me hizo presentes todas las
hostias que hasta el fin de los siglos debían recibir la
Consagración Sacramental, y Yo una por una las miré, las
consumí, y vi mi Vida Sacramental palpitante en cada hostia
porque quería darse a las criaturas. Mi Humanidad, a nombre
de toda la familia humana tomó el empeño por todos y dio la
73
habitación en Sí misma a cada hostia, y mi Divinidad, que era
inseparable de Mí, circundó cada hostia sacramental con
honores, alabanzas y bendiciones divinas para hacer digno
decoro a mi Majestad, así que cada hostia sacramental fue
depositada en Mí y contiene la habitación de mi Humanidad y
el cortejo de los honores de mi Divinidad; de otra manera,
¿cómo podía descender en la criatura? Y fue sólo por esto que
toleré los sacrilegios, las frialdades, las irreverencias, las
ingratitudes, porque habiéndome recibido a Mí mismo puse a
salvo mi decoro, los honores, la habitación que se necesitaba a
mi misma persona. Si no me hubiera recibido a Mí mismo, Yo
no habría podido descender en ella, y a ella le habría faltado el
camino, la puerta, los medios para recibirme.
Así es mi costumbre en todas mis obras, las hago una vez
para dar vida a todas las demás veces que se repetirán,
uniéndolas al primer acto como si fuera un acto solo, así que la
potencia, la inmensidad, la Omnividencia de mi Voluntad me
hicieron abrazar todos los siglos, me hicieron presentes todos
los comulgantes y todas las hostias sacramentales, y me recibí
otras tantas veces a Mí mismo, para hacer pasar por Mí a Mí
mismo en cada criatura. ¿Quién ha pensado jamás en tanto
amor mío, que para descender en los corazones de las
criaturas, Yo debía recibirme a Mí mismo para poner a salvo
los derechos divinos, y poder dar a ellas no sólo a Mí mismo,
sino también los mismos actos que Yo hice al recibirme, para
disponerlas y darles casi el derecho de poderme recibir?"
Yo he quedado maravillada y como si quisiera dudar, y
Jesús ha agregado:
"¿Por qué dudas? ¿No es acaso éste el obrar de Dios? ¿Y
de este acto solo formar tantos actos por cuantos se quiera
disfrutar, mientras que es un solo acto? ¿No fue lo mismo para
el acto de la Encarnación, de mi Vida y de mi Pasión? Una sola
vez me Encarné, una fue mi Vida, una la Pasión, sin embargo,
esta Encarnación, Vida y Pasión son para todos y para cada
uno, como si fuera para él solo, así que están aún como en
acto y para cada uno, como si ahora me estuviera Encarnando
y sufriendo mi Pasión, si no fuera así no obraría como Dios,
sino como criatura, que no conteniendo un poder divino no
puede hacerse de todos, ni puede darse a todos."
Ahora hija mía, quiero decirte otro exceso de mi amor:
Quien hace mi Voluntad y vive en Ella, viene a abrazar el obrar
de mi Humanidad, porque Yo amo mucho que la criatura se
vuelva similar a Mí, y como mi Querer y el suyo son uno solo,
Él toma placer y recreándose pone en la criatura todo el bien
74
que contengo, y hago en ella el depósito de las mismas hostias
sacramentales. Mi Voluntad que la criatura contiene le presta y
la circunda con decoro, homenajes y honores divinos, y Yo
todo a ella le confío, porque estoy cierto de poner al seguro mi
obrar, porque mi Voluntad se hace actor, espectador y custodio
de todos mis bienes, de mis obras y de mi misma Vida".
+ + +
21-16
Abril 16, 1927

Estaba haciendo la hora cuando Jesús instituyó la Santísima
Eucaristía, y moviéndose en mi interior me ha dicho:
“Hija mía, cuando hago un acto, primero veo si hay al menos
una criatura donde poner el depósito de mi acto, a fin de que
tome el bien que hago, lo tenga custodiado y bien defendido.
Ahora, cuando instituí el Santísimo Sacramento busqué a esta
criatura y mi Reina Mamá se ofreció a recibir este acto mío y el
depósito de este gran don diciéndome: ‘Hijo mío, si te ofrecí mi
seno y todo mi Ser en tu Concepción para tenerte custodiado y
defendido, ahora te ofrezco mi corazón materno para recibir
este gran depósito, y dispongo en orden de batalla en torno a
tu Vida Sacramental, mis afectos, mis latidos, mi amor, mis
pensamientos, toda Yo misma para tenerte defendido,
cortejado, amado, reparado; tomo Yo el empeño de
corresponderte por el gran don que haces, confía en tu Mamá y
Yo pensaré en la defensa de tu Vida Sacramental; y como Tú
mismo me has constituido Reina de toda la Creación, tengo el
derecho de alinear en torno a Ti toda la luz del sol como
homenaje y adoración, a las estrellas, al cielo, al mar, a todos
los habitantes del aire, todo lo pongo en torno a Ti para darte
amor y gloria”.
Ahora, asegurándome donde podía poner este gran depósito
de mi Vida Sacramental y fiándome de mi Mamá que me había
dado todas las pruebas de su fidelidad, instituí el Santísimo
Sacramento. Era Ella la única criatura digna que podía
custodiar, defender y reparar mi acto. Entonces mira, cuando
las criaturas me reciben, Yo desciendo en ellas junto con los
actos de mi inseparable Mamá, y sólo por esto puedo continuar
mi Vida Sacramental. Por esto es necesario que escoja primero
una criatura cuando quiero hacer una obra grande, digna de
Mí, primero para tener el lugar donde poner mi don, segundo
para tener la correspondencia. También en el orden natural se
hace así, si el agricultor quiere sembrar la semilla, no la arroja
75
en medio del camino, sino que va en busca del pequeño
terreno, lo prepara, forma los surcos y después arroja la
semilla, y para estar seguro la cubre con tierra, esperando con
ansia la cosecha para recibir la correspondencia de su trabajo
y de la semilla que ha confiado a la tierra. Otro quiere formar
un bello objeto, primero prepara las materias primas, el lugar
donde ponerlo y después lo forma. Así también he hecho
contigo, te escogí, te preparé y después te confié el gran don
de las manifestaciones de mi Voluntad, y así como confié a mi
amada Mamá la suerte de mi Vida Sacramental, así he querido
fiarme de ti, confiándote la suerte del Reino de mi Voluntad”
+ + +

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

VIGÉSIMA CUARTA HORA De las 4 a las 5 de la tarde

La sepultura de Jesús  Gracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomando tus pensamientos, tu len...