ANTES Y DESPUES DE LA MEDITACION
Las 24 Horas de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo
Preparación antes de cada meditación
Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia,
suplico a tu amorosísimo corazón que quieras admitirme a la
dolorosa meditación de las 24 horas en las que por nuestro
amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu
alma santísima, hasta la muerte de cruz.
Ah, dame tu ayuda, gracia, amor, profunda compasión y
entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la
hora… Y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad
que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas
durante todas las horas en que estoy obligada a dedicarme a
mis deberes, o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi
amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para
muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que
deseo practicar.
Ofrecimiento Después de Cada Hora
Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta hora de tu
Pasión para hacerte compañía, y yo he venido. Me parecía
oírte angustiado y doliente que oras, reparas y sufres, y con las
palabras más conmovedoras y elocuentes suplicas la salvación
de las almas. He tratado de seguirte en todo; ahora,
debiéndote dejar por mis acostumbradas ocupaciones, siento
el deber de decirte “gracias” y un “te bendigo”.
Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y te bendigo
por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos;
gracias y te bendigo por cada gota de sangre que has
derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso,
palabra, mirada, amargura, ofensa que has soportado.
En todo, oh mi Jesús, quiero ponerte un “gracias” y un “te
bendigo.” Ah mi Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo
continuo de agradecimientos y bendiciones, de manera que
atraiga sobre mí y sobre todos el flujo de tus gracias y
bendiciones.
Ah Jesús, estréchame a tu corazón y con tus santísimas
manos márcame todas las partículas de mi ser con tu “te
bendigo”, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa que un
himno continuo de agradecimiento hacia Ti.
Nuestros latidos se tocarán continuamente, de manera que me darás vida, amor, y una estrecha e inseparable unión contigo.
Ah, te ruego mi dulce Jesús, que si ves que alguna vez estoy
por dejarte, tu latido se acelere más fuerte en el mío, tus
manos me estrechen más fuerte a tu corazón, tus ojos me
miren y me lancen saetas de fuego, a fin de que sintiéndote,
rápidamente me deje atraer a la unión contigo.
Ah mi Jesús, mantente en guardia para que no me aleje de
Ti, y te suplico que estés siempre junto a mí y que me des tus
santísimas manos para hacer junto conmigo lo que me
conviene hacer. Mi Jesús, ah, dame el beso del divino amor,
abrázame y bendíceme; yo te beso en tu dulcísimo corazón y
me quedo en Ti.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario